Aparecieron sin buscarlas dos notas que abordan el tema de los niños soldado, más específicamente, las dos hablan de niñas soldado, y muestran dos visiones diametralmente opuestas.
La primera es una fiXión tomada de la vida real (como todas las ficciones) que se comunica en diversos planos pero en un mismo conjunto: dramaturgia, dirección, y actuación.
Suzanne Lebeau escribe "El ruido de los huesos que crujen." La historia de los niños soldado del continente africano. En este caso, la autora da el protagonismo a Elikia, una niña, y esto ofrece la posibilidad de expandir el tema al análisis feminista, pues retrata, -además de la aborrecedora situación de raptar, drogar, dar un arma y obligar a un niño a matar en una guerra de la que no tiene responsabilidad alguna, aunada a la impunidad existente en este tipo de crímenes- la situación potenciada que recae sobre el ser femenino. Elikia vive constantes abusos sexuales por parte de los soldados adultos, y después de la batalla tiene que hacer el servicio doméstico, es decir cocinar para los soldados, limpiar. La autora también hace un análisis a la vez sensible y a la vez crítico, de circunstancias aún más profundas, construyendo un personaje que acciona y reacciona a nivel emotivo y político. (Pero esto es mejor que sea leído o visto en representación.)
Suzanne, describe su trabajo como teatro para niñ@s, porque quiere dirigirse a ellos hablándoles de niñ@s y situaciones reales, tratándolos como "...seres inteligentes y capaces, personas a las que en definitiva, les importan las mismas cosas que a nosotros los adultos: ¿Quién me quiere? ¿Qué hago aquí? ¿ Quién soy?..." Pensando que no se les puede ocultar la realidad del mundo al que han venido y al que se van a enfrentar.
La historia que Suzanne aborda, que los actores interpretan, y de la que el público infantil y adulto participa, es fuerte, cruel, daña entre más se comprende que ocurre en la realidad. También tiene un punto esperanzador hacia futuro, no ahora, no en la trama donde un tribunal niega justicia a Elika desechando pruebas con argumentos absurdos. Ni en la realidad donde se pide justicia por los crímenes de guerra que se cometen, contra los seres humanos, en especial contra las personas pequeñas y con menos recursos para defenderse.
Esa esperanza esta en l@s niñ@s que pueden ir a ver este tipo de teatro y salen preguntando si en su país ocurre lo mismo, sensibilizados sin engaños de las cosas que ocurren en el mundo que les heredan los adultos.
La otra historia es la de Herminia Puigsech, quien huyo a Francia para refugiarse de la guerra civil española, y terminó participando en la 2 Guerra Mundial. Este caso tiene un mejor final. Puede decirse que las circunstancias le obligaron, pero además fue preguntada «¿Quieres ser un pequeño soldado?». En su momento, su corta edad funcionó para transportar mensajes y armas entre un batallón y otro, Herminia sobrevive hasta ahora y ha sido condecorada con la medalla de CaballerO de la Legión de Honor. Ella es de las pocas mujeres nombradas en los discursos históricos oficiales, pero es de suponer que la participación de las mujeres en las guerras, como víctimas, como soldados, como paridoras de nuevas generaciones de ganadores y perdedores, como reconstructoras de un país y una sociedad en ruinas, es en número significativa. Yo no me atrevo a juzgarlas, solo a reflexionar sobre estas situaciones.
http://www.lecarrousel.net/es/suzanne_lebeau.html
http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/20100908/herminia-puigsech-quieres-ser-pequeno-soldado-preguntaron/471140.shtml
fuentes: Primer acto. Cuadernos de investigación teatral. N.331 segunda época
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