from the other side of the black hole
cometarios de fiXión de los hechos absurdos de la vida real.
CC.
2011
Termina un ciclo, eso indica lo que hemos acordado en un papel escrito con números y letras en clave que nos dicen que nombre debemos darle a ese tiempo entre la salida y la puesta de sol, para que hagamos mas o menos todo lo posible para que nuestras actividades se coordinen y se evite el extremo del caos entre los seres humanos, y nos perdamos en un sin fin de atardeceres y amaneceres. El fin conlleva un nuevo inicio, como efecto o consecuencia, porque las hojas de papel siguen, y las salidas del sol continúan, y la traslación del planeta también, todo un mecanismo perfecto en ritmo y dimensión, riguroso desde hace millones de vueltas, imperceptible e innegable. Entonces varias cosas saben que tienen que volver a nacer, a florecer, a despertar, como si fueran las mismas de siempre pero nuevas. Todo el proceso se ha resumido en un momento solo, la hora cumbre, el último y el primer segundo, y las mentes humanas saben ya que habitan una página nueva, un ciclo nuevo que pretende en sus mentes extenderse hasta su propia vida, ideas y costumbres, haciéndolas nuevas, vivibles otra vez, por si la anterior había sufrido deterioros, más emocionante, menos complicada, reparada, restaurada, nueva. Pero es solo una ilusión más de uvas machacadas, de 365 puertas tapiadas que se intentaron abrir cada día del ciclo anterior con el éxito de llegar hasta la última de ellas sin dejar ninguna sin explorar. Y en esa fantasía de cambio y trascendencia, de desbordamiento de amor, recuerdos, arrepentimientos, nostalgias y perdones se entretienen los transeúntes, mientras las ciudades continúan, ajenas al embeleso, acrecentando sus costos, y los servicios, aminorando su calidad, y las armas de guerra disparando, y los estómagos de infantes vacíos, y ...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)